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¿CUÁLES SON LOS PASOS PRÁCTICOS PARA ESTABLECER RESTRICCIONES ESPACIALES Y TEMPORALES?

Vamos a seguir brevemente los pasos involucrados en el proceso de implantación de una AMP para fines de ordenación o conservación pesquera. A continuación algunos comentarios sobre aspectos del proceso.

Establecer la meta
Es esencial que el administrador pesquero justifique de algún modo la implantación de un área marina protegida o identifique una meta alternativa. Desde luego que podría haber múltiples justificaciones para la medida, en cuyo caso es importante tratar de especificarlas en orden de prioridad.
Especificar los criterios de selección

Criterios para la ordenación de las poblaciones

Una vez definidos los criterios para establecer una restricción espacial o temporal, el siguiente paso lógico es la consideración de los criterios para la selección de los sitios o períodos de tiempo en cuestión. Para muchas restricciones espaciales o temporales, la elección a menudo será impulsada por el ciclo vital de la especie en cuestión y la dinámica de los diversos sectores pesqueros para los que se diseña la medida. A menudo habrá datos biológicos adecuados disponibles para apoyar la decisión –la ubicación de las zonas de cría y las temporadas o áreas de reproducción por lo general son relativamente bien conocidas. De manera similar, los pescadores son perfectamente conscientes de dónde y cuándo ocurren conflictos entre los sectores. Con respecto a la justificación de zonas de veda permanentes en el hábitat de los adultos, sin embargo, los datos a menudo serán menos exhaustivos, y los beneficios potenciales más abiertos a un debate.

Lauck et al. (1998) enumeran las siguientes características «deseables» de una zona de veda permanente establecida para lograr los objetivos de ordenación pesquera:
1. Debería ser lo suficientemente grande para proteger el recurso en caso de sobrepesca en el área no protegida.
2. La reserva debería servir como fuente capaz de reabastecer la población explotada en caso de su agotamiento. En particular, las reservas deberían proteger las zonas de reproducción y cualquier otra área crítica para la viabilidad de la población.
3. La reserva debe estar completamente protegida, ya que el aumento casi seguro de la biomasa dentro de la reserva será sumamente atractiva para los pescadores ilegales.

Con respecto al punto 3, debería existir poca dificultad en decidir lo que se requiere –es simplemente asunto de contar con la voluntad política de cubrir los costos. En contraste, los puntos 1 y 2 representan un gran reto para los ecologistas. Identificar los tamaños y las ubicaciones apropiadas para las áreas de veda requiere considerar las proporciones relativas de las poblaciones y comunidades de interés dentro de la región protegida, su potencial de servir como fuentes de población para áreas no protegidas, y la ubicación de cualquier tipo de hábitat sensible que debiera ser incluido en el área protegida para aumentar al máximo los beneficios del enfoque.

El modelo preferido para restricciones espaciales y temporales para fines más generales de conservación es una legislación que esté basada en áreas de conservación sostenible de uso múltiple. Zonas aisladas altamente protegidas dentro de un área que por lo demás no está reglamentada o reglamentada de forma poco sistemática es mucho menos deseable, porque una protección no sistemática de áreas marinas pequeñas en conjunto con una ordenación pesquera tradicional a menudo lleva a la sobreexplotación de las poblaciones de peces y al deterioro progresivo del área protegida. Por lo tanto, la mayoría de los conservacionistas favorecen las áreas protegidas más grandes y de uso múltiple que establecen varios niveles de acceso y de pesca y recolección en diferentes zonas, con cosecha sostenible de materiales alimentarios de la mayoría del área marina de un país.



Recopilar información y realizar una evaluación preliminar
Es claro que, para lidiar con los criterios descritos en la sección anterior, se necesita una cantidad considerable de información económica, social, biológica y ecológica antes de poder tomar decisiones informadas. Como se indicó arriba, los datos biológicos y de pesquerías podrían ser suficientes para muchos de los objetivos de establecer restricciones espaciales y temporales. Para algunos casos, particularmente para vedas permanentes de hábitats de peces adultos, la información sobre la cual basar el cierre del área será pobre o inexistente. En todo caso, el administrador pesquero debe buscar aprender de experiencias pasadas de otros sistemas y, si es posible, de modelos cuantitativos científicamente defendibles de predicción de las consecuencias probables de los diferentes escenarios de ordenación. A continuación algunas preguntas que podría ser importante hacer.

¿Protegerá mi restricción las poblaciones de peces?
En el límite, desde luego, donde la inmensa mayoría de un área está cerrada a la pesca, la respuesta tiene que ser afirmativa (a menos que la pequeña parte que quedó abierta fuera la única zona de reproducción del recurso). Una pregunta más apropiada sería, sin embargo, ¿bajo cuáles circunstancias hay la mayor probabilidad de lograr el objetivo de la restricción espacial o temporal, y con cuáles mecanismos? Esta es una pregunta compleja y difícil, para la cual no se pueden ofrecer respuestas simples, especialmente para vedas permanentes de hábitats de peces adultos. Es notable, por ejemplo, que la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) analizó recientemente los beneficios a las pesquerías de 52 áreas restringidas, y encontró que en 32 casos las poblaciones se habían reducido o habían mostrado oscilaciones importantes, y que sólo en 16 de los casos habían aumentado las poblaciones o se habían mantenido al mismo nivel (Anón., 1997). Algo muy importante es que, en todos los casos exitosos, también se habían impuesto restricciones al acceso o sistemas de CTP junto con otros controles a los insumos, tales como selectividad de talla o de sexo, por lo que fue imposible determinar la contribución de la veda de áreas por sí sola a los resultados.
A pesar de este análisis algo pesimista de la OCDE, existe evidencia de que las vedas espaciales y temporales han sido muy exitosas para muchos propósitos. De hecho, como se señaló anteriormente, también existe creciente evidencia de AMP exitosas en hábitats de adultos para la conservación de poblaciones de peces en arrecifes de coral y otros sistemas tropicales, donde la biología de los peces es favorable y la ordenación se logra a través del control del esfuerzo. Se podrían esperar beneficios positivos similares en sistemas de aguas templadas donde las características del ciclo vital de las especies de peces de interés son similares a las de sus homólogos tropicales. Actualmente, sin
embargo, el caso para las vedas permanentes es menos convincente para las pesquerías de plataformas continentales templadas, aunque las vedas estacionales, tales como la de la platija descrita anteriormente, ciertamente parecen conferir beneficios.

¿De qué tamaño debe ser la AMP y por cuánto tiempo debería existir la restricción?
Como se indicó anteriormente, para la ordenación pesquera de sistemas demersales templados, las vedas de área en hábitats de adultos podrían tener que ser especialmente (y tal vez imprácticamente) grandes para ser efectivas. Esto podría ser particularmente cierto para pesquerías cuya ordenación se ejerce a través de controles sobre la captura total permisible, donde el esfuerzo podría ser desviado a otras áreas y negar así cualquier beneficio potencial (Horwood, 2000). Horwood argumenta de manera convincente que, por ejemplo, afirmaciones de beneficios a las poblaciones de peces usando vedas del orden de 10-20 por ciento del caladero son demasiado optimistas para dichos sistemas en Europa. Sin embargo, las vedas estacionales o de otro tipo para proteger juveniles ciertamente parecen ser efectivas. Con respecto a los sistemas en arrecifes de coral, McClanahan y Kaunda-Arara (1996) sugieren que, desde la perspectiva de la pesquería, podría ser preferible establecer muchas reservas pequeñas. Estos autores encontraron que las reservas pequeñas aumentan la captura total en áreas adyacentes, pero en el parque más grande no fue así. Este efecto podría deberse a la proporción más baja de borde a área de parque en una reserva grande. Parece haber una falta de datos o experiencia para pesquerías demersales tropicales de arrastre, y existe poco análisis
disponible para guiar la toma de decisiones en esas circunstancias. Para la conservación marina más general, el concepto de un parque o reserva en un sistema marino es algo diferente que en tierra. En los sistemas terrestres, por lo general se piensa en un área protegida como algo separado del resto del sistema, y que las áreas circundantes no protegidas tienen poca influencia sobre el parque. En contraste, los sistemas marinos usualmente son extremadamente abiertos, y hay intercambio
considerable a lo largo de las fronteras de ordenación trazadas por líneas en un mapa.
Por consiguiente, se deduce que el tamaño mínimo requerido para cumplir con los objetivos de una AMP a menudo deberá ser muchas veces mayor que su equivalente terrestre. Específicamente, se acepta generalmente que, para proteger los ecosistemas marinos productivos y las áreas de alta biodiversidad, la AMP debe comprender tantos componentes del ecosistema como sea posible, y dar plena consideración a los muchos factores e influencias que afectan la productividad y la biodiversidad.

¿Quiénes son las partes interesadas que serán influenzadas por las medidas, y cuáles son las cuestiones legislativas asociadas con su aplicación?
Las decisiones sobre temporadas de veda por lo general recaen exclusivamente en el administrador pesquero, y hay poca necesidad de involucrar agencias o partes interesadas más allá de aquellas que tienen un interés directo en la pesca. En contraste, el establecimiento de AMP permanentes casi siempre requerirá de acuerdos y negociaciones entre agencias. Una meta importante para el administrador pesquero será adquirir los conocimientos necesarios para apoyar el proceso de planificación y ordenación. De hecho, los principios generales delineados en el párrafo 6 del Código
de Conducta hacen varias referencias a la importancia de la consulta y la negociación.
En particular, es más probable que se logre establecer una AMP si:
• El fundamento de la planificación se basa en datos biológicos y físicos reales.
• Este fundamento incluye datos sobre aspiraciones culturales y la posición socio-económica de las partes interesadas.
• Los datos están disponibles en un formato fácilmente comprensible para explicar y, en caso necesario, justificar las preocupaciones y acciones.
• Existe un proceso consultivo claramente establecido.
Con respecto a la legislación, es claro que el éxito de la ordenación es más probable cuando el área que se considera para protección (y preferiblemente la tierra adyacente a las aguas costeras) está bajo la jurisdicción de la misma agencia. No obstante, esto es poco probable, y en casos donde no es así, se ha sostenido con fuerza que la legislación y las disposiciones de ordenación deberían estar basadas en instituciones existentes, a menos que exista un apoyo público o político abrumador hacia nuevas agencias administrativas. Desde luego, el ambiente legislativo específico dentro del cual se establecerá la AMP diferirá entre países. Por lo tanto, no se puede ofrecer una directriz  general más allá de enfatizar el valor para el administrador pesquero de conocer perfectamente las cuestiones legislativas de su propia situación.
¿Cómo se logra el cumplimiento de la medida?
Al igual que con otras medidas de ordenación pesquera, la facilidad con la que se puede vigilar el cumplimiento será probablemente un determinante de importancia crítica para su factibilidad. Desafortunadamente no existe una respuesta directa a qué tan fácil será el cumplimiento de una restricción espacial o temporal. Un análisis de la OCDE (Anón., 1997), por ejemplo, mostró altos costos o problemas asociados con seis pesquerías, mientras que cinco no reportaron dificultades. Se podría imaginar una situación, por ejemplo, donde una temporada corta de pesca para buques de un número limitado de puertos podría ser supervisada con facilidad. En contraste, la veda permanente de un área grande y remota sería casi imposible de controlar sin el apoyo tecnológico de la vigilancia de buques por satélite o vigilancia aérea. Sin duda, las vedas estacionales o de área serán más efectivas cuando los pescadores mismos están completamente de acuerdo con la medida y están dispuestos a cumplirla y vigilarla ellos mismos.
¿Habrá necesidad de financiar el ajuste?
Una consideración importante cuando se vaya a restringir el acceso a una zona de pesca es el grado al cual se podría desplazar el esfuerzo hacia otras áreas, y cuáles serían las posibles consecuencias de dicho desplazamiento. Si el desplazamiento del esfuerzo representa una preocupación, podría tener que considerarse la posibilidad de ofrecer financiamiento para ajustes estructurales para reducir la capacidad y compensar a los pescadores por la pérdida de acceso.

Comenzar el proceso de negociación
Después de llevar a cabo una evaluación exhaustiva de las opciones y de familiarizarse con la magnitud de los problemas en una situación particular, el administrador pesquero debería estar en posición de decidir si una restricción espacial o temporal sería apropiada. Suponiendo que lo sea, se debe reconocer que no existen procedimientos simples y habituales para establecer dicha restricción. Lo que funciona para una nación o grupo de naciones rara vez puede ser adoptado sin modificaciones para una situación diferente. Sin embargo, probablemente se aplique una verdad universal – los habitantes locales deben estar directamente involucrados en la selección, el establecimiento y la
administración de las medidas para tener la oportunidad de aumentar el éxito. Esto también lo enfatiza el Código de Conducta (ver Párrafos 10.1.2 y 10.1.3).
Evaluar la necesidad de investigación subyacente
Es difícil no ser escéptico de algunas de las afirmaciones más atrevidas sobre el éxito de las restricciones espaciales y temporales. En particular, con respecto a las vedas permanentes de áreas con hábitats de peces adultos; ciertamente no es axiomático que éstas necesariamente mejoren las pesquerías. Esto no debe sugerir, sin embargo, que la incertidumbre sobre su valor como instrumento de ordenación deba usarse como razón para no establecerla. Al contrario, el argumento a favor de usar el enfoque de una reserva permanente es bastante convincente. Sin embargo, el administrador pesquero debería asegurar que se aprendiese del proceso, haciendo esfuerzos para entender
los mecanismos subyacentes que determinan el éxito o el fracaso. Un programa de investigación que esté estrechamente ligado con la aplicación de la medida de ordenación es un pre-requisito para esto. Es posible que también existan razones políticamente más contundentes para el establecimiento de programas de investigación en asociación con las restricciones de área. Consideremos el siguiente escenario:
Se establece una reserva marina usando argumentos de conservación de los hábitats bentónicos y de beneficios para las poblaciones de peces. Esta reserva fue establecida pese a gran resistencia de parte de los pescadores, quienes perciben la medida como una restricción innecesaria sobre sus actividades. Al final, la industria pesquera aceptó la medida, aunque con mucha renuencia. Imaginemos que ahora, después de 5 años, no se detectan mejoras en las capturas. Se pueden citar por lo menos cuatro razones para esto:
1. La reserva no es lo suficientemente grande.
2. El área no ha estado cerrada por suficiente tiempo.
3. La reserva se estableció en el lugar equivocado.
4. Las reservas no funcionan en este sistema.
Las razones 1 y 2 claman por restricciones aún más severas, y acciones basadas en la razón 3 serían políticamente muy difíciles. Es lógico que los pescadores defenderán la razón 4 y la reapertura del área. El punto es que, en ausencia de información sobre los mecanismos que operan en la región, no hay una base para juzgar cuál de estas explicaciones es la más probable. Por lo tanto, el administrador pesquero no puede decidir si la reserva debería ser más grande, si continuar con la medida actual, si
cambiarla de sitio, o si abandonar el sistema de reservas. Desde luego, aún con un sistema de investigación dirigido, la información no será perfecta, pero adoptar el tipo de enfoques Bayesianos descritos anteriormente parecería una ruta apropiada hacia una decisión adecuada. Sin intentos de vigilar la efectividad de cualquier restricción espacial o temporal y de entender por qué tienen éxito o fracasan, me temo que la meta de proteger las poblaciones de peces y el sistema marino en general se verá perjudicada.
A pesar de los comentarios anteriores, debe reconocerse que a menudo será difícil demostrar los beneficios de una veda espacial o temporal para la ordenación pesquera a escalas de tiempo razonables. Se ha estimado, por ejemplo, que, usando el nivel estándar de significado estadístico del 5 por ciento, se tardaría más de 30 años para poder obtener una probabilidad del 90 por ciento de reconocer una mejora del 20 por ciento en el reclutamiento promedio de peces planos después de establecer la veda de la platija descrita anteriormente. En muchas circunstancias, por lo tanto, es poco probable que el beneficio de un área de veda se demuestre claramente en menos de una década
(Horwood, 2000).

Cochrane 2005 Fishery Manager’s Guidebook. FAO. FishTechPap 424.

Camilo.sp

One response

23 01 2011
camilosp

Me pareció interesante este fragmento del Manual del Administrador Pesquero publicado por la FAO en 2005 que trata brevemente y de una manera general cómo actuar y en qué centrarse a la hora de crear un Área Marina Protegida.
He editado, resumido y modificado alguna parte pero me parece mejor no recortarlo demasiado porque da una idea general y es un documento interesante para leer.

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